jueves, junio 04, 2009

El cambio terapéutico.

Sea cual fuere la escuela del terapeuta, la definición del cambio exitoso implicará que el paciente deje de lado la metáfora del corazón. Algunos terapeutas no le dirán digitalmente al paciente que a su corazón no le pasa nada, pero el modo de su trato con él sobre el problema metacomunicará que su corazón está bien. Es importante señalar que este tipo de encuadre pondrá de manifiesto que, aunque el terapeuta hable del temor del paciente como si se refiriera a un problema cardíaco real, en realidad está claro que es un conflicto sólo psicológico.

Para este tipo de síntoma analógico hay dos enfoques que, si son bien usados, suelen ser exitosos. El primero considera el síntoma como un problema personal del paciente. El segundo, como un problema interpersonal.

El primer enfoque es una intervención paradójica, que consiste en que el terapeuta considere la metáfora del corazón en sentido literal, es decir, que lo considere como si en realidad se tratara de un riesgo cardíaco. Son exponentes de este enfoque Victor Frankl y Stampfl. La técnica consiste en decirle al paciente no sólo que morirá del corazón, sino que debe caer muerto ahí mismo. Usado de modo inadecuado, este enfoque convence al paciente de no ir más a semejante tratamiento; bien usado lleva a la desaparición del síntoma. Para su utilización correcta es fundamental que se haya establecido una relación de confianza con el paciente, en donde el terapeuta está de parte del individuo y desea ayudarlo. Primero se le comunica al sujeto que su corazón funciona bien. Luego, se le pide que caiga muerto allí mismo, fulminado por un ataque cardíaco. Aquí la analogía se toma en sentido literal; como su corazón fallará, debe hacerlo ahora mismo. El paciente recibe la comunicación del paciente no como metáfora sobre otra cosa, sino como formulación digital sobre su corazón. Son necesarios los dos pasos: decirle que su corazón funciona bien, y pedirle que caiga muerto ya mismo. Cuando el procedimiento tiene éxito, el sujeto abandona la analogía del corazón, con frecuencia riendo de algún aspecto del proceso. Esto debe repetirse cada vez que surja un temor respecto del corazón. Aunque este enfoque suprime el síntoma, no toma en cuenta los cambios que la desaparición de este generarán en la homeostasis familiar. Probablemente la esposa y otros tendrán al menos una inquietud temporal; incluso puede desatarse un efecto “mariposa” que culmine en el divorcio de la pareja. No se puede cambiar este tipo de comunicación sin alterar el ambiente del sujeto, con frecuencia de modo imprevisible.

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