sábado, febrero 24, 2007

Borderlines, la tortura de no ver ni saber encontrar el equilibrio

Ana G. tiene 32 años y llora sin consuelo. Su novio –por teléfono- le acaba de decir que en una hora llega a la casa. Para ella, son excusas, él miente y está a punto de abandonarla. Cinco minutos después ya lo dio por hecho, y en su cuerpo los cortes y quemaduras con cigarrillo expresan la furia y vacío que la invaden por dentro. Sin embargo, cumpliendo con lo dicho, su pareja arriba a la hora pactada, y no entiende lo que sucede.

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) afecta al 3% de la población. Si bien no existen estudios del problema en nuestro país, los especialistas coinciden en que si en las cárceles hay 9 hombres cada 1 mujer, en los neuropsiquiátricos la proporción es exactamente a la inversa. Es decir, que las mujeres son las principales víctimas de esta enfermedad también conocida como “Borderline”.


¿Se nace o se hace?
Existen dos vías que conducen a este estado: “Por un lado opera un componente “ambiental” que suele ser por alguna experiencia abusiva durante la infancia y por otro uno “biológico” es decir, alta sensibilidad, bajo umbral de tolerancia y mucha irritabilidad”.

Igualmente los especialistas indican que no es un mal causado por un único factor y es poco probable que los TLP se deban a una malformación cerebral como se creía. La licenciada Ángeles Diumenjo consideró que depende de la escuela de estudio que la aborde puede variar el significado, así “las más psicoanalíticas lo usan para referirse a cuadros límites entre psicosis y neurosis”. Además agregó que “la sensación del border es de desequilibrio constante, es una persona perturbada que sufre mucha la enfermedad porque es consciente”.

“Te odio, queréme”

De enumerarse la lista de indicios que caracterizan a los “border” seguramente los lectores podrán identificar más de uno en personas cercanas y, por qué no, en sí mismos. “Se manifiesta por la dificultad para mantener relaciones interpersonales y agresividad, a sí mismo y hacia otros. También padecen fuertes cuadros depresivos que responden a factores genéticos, mentales, culturales que pueden potenciarse con experiencias traumáticas”, puntualizó el psiquiatra Eduardo Corral, que se desempeña como jefe de docencia del Hospital Borda y preside una fundación para el estudio y tratamiento de las enfermedades mentales.

Javier, tiene 27 años y es uno de los cientos de fronterizos que encontró en la web un grupo de personas que comparte su padecimiento. Dice sentir miedo a la pérdida, pasar sin explicación alguna de momentos de euforia a la inestabilidad emocional “que me lleva a una búsqueda exagerada y obsesiva de afectos”, comentó.

Al igual que su caso, desconocido por su entorno cercano, muchos hombres y mujeres sufren la inestabilidad de la enfermedad, pese a desempeñarse en empresas o tener logros académicos. “Pueden saber tres idiomas pero ante un hecho o gesto de alguien que los descoloca, se desestabilizan y quizás hasta pierden el dominio del castellano”, ejemplificó Lencioni que se especializó en TLP en EE.UU.

La astronauta que intentó matar por celos

El vacío interno los invade, y este malestar es el que descargan con llanto, lesiones autodestructivas –como quemarse o cortarse-, trastornos alimenticios o cambios constantes de carrera o trabajos.

En otros, desborda su terreno afectivo y temen constantemente ser abandonadas. Desequilibrados, pueden llegar a hacer cualquier cosa, como matar. Algo de esto le sucedió recientemente a la astronauta de la NASA, Lisa Nowak, que manejó 1.500 kilómetros desde su hogar en Houston, Texas, hasta el aeropuerto Internacional de Orlando. Allí, la miembro del Discovery, que se disfrazó para no ser reconocida, atacó a su colega Colleen Shipman con un cuchillo, una pistola de aire comprimido y gas pimienta.

Nowak, de 43 años, casada, con tres hijos y capitana de la Marina de los Estados Unidos, está acusada de intento de homicidio en primer grado de la mujer a quién consideraba su rival amorosa. También enfrenta cargos de agresión física, intento de robo y destrucción de pruebas. Aunque, luego de que le diagnosticaran “Trastorno límite de la personalidad”, su suerte podría ser otra.

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