sábado, octubre 06, 2007

Los bengaleros Parte 1

Michael Preston Piguave Ayala va caminando con la cabeza baja. Hoy no alcanzó a vender suficiente marihuana para recolectar el dinero del día. Hoy no habia sido una buena venta.



Cursando las calles Jose de Antepara y machala, Michael observa a tres negritos de unos 11 años, tirados en el piso inhalando cemento de contacto, con ojos desorbitados. Una visión muy común a esa hora por esos lugares. El dialogo empieza de esta manera:



Negrito: Oiga llave, dele para un pan. (Señalando a otro que parecía estar cerca de desmayarse con ojos de haberse intoxicado hasta la médula)



Michael Piguave: Anda a joder a tu puta madre, negro careverga.



Al terminar de decir esto, Michael le sonó un puñete en la trompa a el negrito que se había atrevido a pedirle plata, reventándole la funda con la solución y embarrándosela en la cara. Acto seguido, le dió un patazo en las bolas al que estaba en el piso, y echó a correr como alma que lleva el diablo.Michael disfrutaba haciendo estas cosas. Hace dos semanas, se había encontrado un borracho tirado en pleno Gomez rendon y tulcán. Lo desnudó por completo, le orinó encima, se le cagó un mojón en la boca, y le introdujo un palo de escoba en el ano.



Michael, como muchos de sus panas, era un miembro fijo de la barra sur oscura. Todos los domingos, acudía religiosamente al estadio Monumental, a ver como humillaban a su equipo. Pero esto no parecía molestar a Michael. Ademas de estar acostumbrado a este resultado, eso le daba pie a provocar desmanes antes, durante, y un mes después de terminado el partido.



Los clásicos eran los días mas divertidos para Michael y sus amigos. Sus patológicas necesidades de golpear a un ser humano, escupirlo, denigrarlo, robarle, causar destrozos en vehículos rivales y hasta propios, y en el estadio ajeno se podían desfogar durante los días de clásicos del astillero.



Tenía un odio particular y especial al color azul. Cuando pateaba en el suelo a un hincha de emelec, Michael imaginaba que era su padre, o quizás los niños del barrio donde el se crió. Michael, como muchos de sus compañeros de barra, eran producto de hogares disfuncionales. El padre de Michael estaba en prisión por haber matado a mas de seis personas, robar y violar. Desde que Michael tuvo uso de razón, solo recuerda golpes y maltratos de su padre. Siempre llegaba borracho de madrugada a golpear a su madre y maltratarlo a el y a sus doce hermanos. En una ocasión, llego completamente marihuanado, y lo violó salvajemente a Michael mientras lo golpeaba con un fierro oxidado. Esto se repetió varias veces hasta que su padre cayó preso, no antes de ser herido en una balacera con la policía por haberle robado el carro a un pelucón. Su madre, Tomasa Guevara, era solo una sumisa mujer que siempre hizo lo que su marido le impuso sin replicarle jamás. Se dedicaba a la prostitución y a la venta de drogas.



Pero Michael no se quedó hasta ver eso. Huyó de su hogar con rumbo incierto. Hizo de la parte baja del puente de la avenida de las américas su hogar habitual, el cual compartía con otros niños de su misma edad. Todas las noches salian a robar personas con destornilladores y el dinero robado se invertia en solución, que era vendida con proposito conocido por el dueño de la ferreteria Ferro en Rumichaca y Clemente Ballén. Cuando los niños no tenian dinero para adquirirla, este se las facilitaba, para despues cobrarles con favores sexuales.

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